Hace un año, por estas fechas, cogí una de las mayores cogorzas de mi vida. Las fiestas de la Mercé (es la fiesta mayor de Barcelona) suponen la última gota de verano para miles de barceloneses. Los estudiantes apuran sus últimas gotas de libertad antes de empezar la clases, y fue precisamente con un grupo de éstos con los que me corrí una juerga que acabó...en fin, como acabó. De entonces a ahora noto un cambio en mi interior. Pasaré las fiestas currando, pero en el bar. A Eugenia no le hace mucha gracia, tenemos algún compromiso social (joder, que fuerte, yo diciendo esto!!) al que le gustaría que asistiera. Miraré de hacer lo que pueda, pero Marc no estará muy conforme. O curro o no curro, pero medias tintas, y más en estas fechas, no. Y yo le debo algo. Veremos que pasa. De no pasar las fiestas de curro, estaría con Eugenia. Quizá otro fiestón como el del año pasado (bueno, parecido, esta vez no estaré de agujero para un grupo de borrachos), pero nada que ver con excesos terminales ni arrepentimientos. El fin de lverano supondrá un nuevo inicio. |